Andy Montañez dejó el corazón en el Amira de la Rosa en Barranquilla

El artista puertorriqueño clausuró el Carnaval de las Artes. Conversó con el director de EL TIEMPO.

“Me dijeron que a ti tIMAGEN-15190315-2e dicen el torturador y que vienes con una agenda para ahorcarme”, fue lo primero que el cantante puertorriqueño Andy Montañez le dijo –con una sonrisa burlona dibujada en su rostro– a Roberto Pombo, director de EL TIEMPO, cuando ingresaron al escenario del Teatro Amira de la Rosa, el pasado domingo, a eso de las 9 de la noche, para dar clausura al Carnaval Internacional de las Artes.

Detrás de dos sillones blancos, se encontraba lista la orquesta de músicos, que prometían una velada inolvidable. Horas antes, las filas atestadas con centenares de personas le daban la vuelta al emblemático auditorio, en busca de una localidad. Fueron muchos los que infortunadamente no lograron ingresar.

Hijo de Barranquilla

La charla de los dos contertulios, que con el paso de los minutos iba aumentando la temperatura del recinto, con un público ávido de oír las historias, pero sobre todo las canciones de este ‘hijo adoptivo’ de Barranquilla, comenzó con los orígenes de Montañez en el famoso barrio Trastalleres, de Puerto Rico, en cuyas calles también crecieron músicos memorables como Daniel Santos o Hernando Avilés, del trío Los Panchos.

“Trastalleres es un barrio que se formó con gente obrera donde funcionaban los talleres del tren que le daba la vuelta a Puerto Rico llevando caña a los ingenios”, recordó Montañez, nacido en esa localidad en 1942.
Recordó que allí escuchó las primeras tonadas interpretadas en la guitarra por su padre, ‘Don Andrés’, y su numerosa familia.

Al preguntarle sobre cuántos hermanos tuvo, Montañez retó a Pombo a que adivinara. “¿10?”, dijo el periodista. “Más”, le dijo el músico. “¿15?”, inquirió Pombo. “Más”, le repitió Andy. Sorprendido, el director de este diario siguió subiendo: “¿16?”, “¿20?”.

“Éramos 18. Por eso teníamos a mi mamá en un altar, allá bien alto, para que papi no la alcanzara. Está próxima a cumplir los 95 años”, dijo Montañez, en medio de una estruendosa carcajada de todo el teatro.

El músico recordó que su papá era un bohemio que solía reunirse con amigos a tocar guitarra y a llevarle a altas horas de la noche serenatas a su mamá. En ese momento, Montañez tomó una guitarra acústica que se encontraba al lado de su sillón e interpretó el bolero ‘Guitarra mía’, compuesto por su padre. Al finalizar la canción, el artista puertorriqueño no logró contener las lágrimas y dijo: “Siempre me golpea”.

El músico también contó la primera vez en que su mamá lo llevó a concursar, a los 8 años, a una emisora en donde los artistas y el programa se presentaban en vivo en un teatro con público.

“Yo te confieso que a mí me gusta lo que yo hago”, dijo.

A lo que Pombo le respondió: “Entonces, regálenos ‘Me gusta’ ”, mientras el público estallaba en aplausos.

A partir de ese momento, fueron pocas las intervenciones habladas que lograron hacer Montañez y Pombo, ante la insistencia del público porque siguiera cantando sus canciones, cuyos diferentes títulos el público gritaba desde el otro lado del escenario.

Fue así como entonces, siguieron tonadas como ‘Un verano en Nueva York’, ‘Milonga para una niña’, ‘Te voy a enseñar’, ‘A veces me pregunto’ y ‘Julia’, que Montañez interpretó bajándose en varias oportunidades del escenario y recorriendo la platea hasta la parte de atrás, en donde cantaba en coro con algún espontáneo del público. Pleno de alegría, llegó a quitarle la trompeta a uno de los músicos de la orquesta para él hacer un solo.

Cuando terminó su primera canción, Montañez recordó los duros momentos por los que pasó, luego del accidente que sufrió en el 2012 viniendo de Valledupar hacia Barranquilla.

“Tengo gratos recuerdos de la gente de Colombia, pero especialmente de la gente de Barranquilla. Hace dos años tuve un accidente bien terrible y hubo mucha gente que puso sus oraciones para que yo me recuperara. ¡Gracias Barranquilla!”, gritó Andy en medio de aplausos.

Luego se sentó en otras tres oportunidades en su sillón blanco para conversar con su amable ‘torturador’, como le decía burlonamente a Pombo, que se lo acolitaba con otra sonrisa. Aprovecharon para hablar de los orígenes del Gran Combo, en donde estuvo durante 15 años; de su paso, luego, a la orquesta Dimensión Latina, que lo llevó a radicarse en Venezuela durante tres años, y de la creación finalmente de su propia agrupación.

Cuando los minuteros del reloj ya indicaban que era hora de despedirse, Roberto Pombo le pidió a su contertulio que le regalara una de sus canciones preferidas: ‘Hojas blancas’, mientras ponía sobre su cabeza un sombrero en forma de tigre. “Este es el Óscar en categoría tigre del Carnaval de las Artes”, le dijo Pombo.

Fue, sin duda, uno de los instantes más emotivos de la noche. Mientras Montañez entonaba las notas de su canción una suave lluvia de papelitos blancos comenzó a caer sobre su cabeza, mientras el escenario se inundó con una veintena de personajes, con disfraces alusivos al Carnaval de Barranquilla. Entre tanto, el público coreaba sin descanso “otra, otra, otra”.

*Por invitación del Carnaval de las Artes y la Fundación La Cueva.

Carlos Restrepo*
Cultura y Entretenimiento
Barranquilla.